90 artículos, agrupados en 14 temas. Lectura abierta durante el semestre piloto.
Las arritmias ventriculares (AV) abarcan un espectro que va desde extrasístoles benignas hasta fibrilación ventricular potencialmente fatal, y pueden presentarse tanto en corazones estructuralmente normales como en contextos de cardiopatía establecida. Su reconocimiento y estratificación de riesgo determinan si el paciente requiere solo tranquilización o una intervención urgente para prevenir la muerte súbita cardíaca.
El sistema cardiovascular es una red de bombeo y distribución cuyo funcionamiento depende de la biología celular coordinada del corazón y los vasos sanguíneos, desde su origen en múltiples linajes embrionarios hasta la contracción molecular de cada latido.
Las bradiarritmias del nodo auriculoventricular (AV) abarcan un espectro de trastornos que enlentecen o interrumpen la conducción del impulso eléctrico desde las aurículas hacia los ventrículos. Las consecuencias van desde una prolongación asintomática del intervalo PR hasta la asistolia potencialmente fatal.
Las bradiarritmias del nodo sinusal agrupan un conjunto de trastornos en los que el marcapasos natural del corazón no genera o no propaga impulsos con la frecuencia y regularidad suficientes para satisfacer las demandas del organismo. Clínicamente se denominan disfunción del nodo sinusal (DNS) o síndrome del seno enfermo y son la causa más frecuente de implante de marcapasos definitivo.
La cardiopatía isquémica (CI) es la consecuencia de un desequilibrio persistente entre la demanda de oxígeno del miocardio y su aporte; la causa más frecuente es la aterosclerosis de las arterias coronarias epicárdicas, aunque la disfunción microvascular y el espasmo coronario representan mecanismos fisiopatológicos relevantes. Es la enfermedad crónica grave más prevalente en el mundo industrializado y la principal fuente de mortalidad, discapacidad y carga económica a escala global.
La electrofisiología cardíaca estudia la actividad eléctrica del corazón, desde los canales iónicos que generan el potencial de acción hasta los sistemas de conducción que coordinan la contracción. Su alteración produce las arritmias, y el mecanismo específico de cada una determina su tratamiento.
La enfermedad arterial periférica (EAP) es la estenosis u oclusión aterosclerótica de la aorta o las arterias de los miembros, que produce un espectro clínico que va desde la claudicación intermitente hasta la isquemia crónica amenazante de miembro; su relevancia clínica trasciende la extremidad porque señala un riesgo cardiovascular sistémico marcadamente elevado.
La enfermedad pericárdica agrupa los síndromes originados en el pericardio, desde la inflamación aguda hasta la acumulación de líquido con compromiso hemodinámico (taponamiento cardíaco) y la fibrosis crónica que coarta el llenado diastólico (pericarditis constrictiva). La mayoría de los casos en países desarrollados son de origen viral o idiopático; la etiología tuberculosa predomina en regiones con alta prevalencia de Tuberculosis y coinfección por VIH.
La estenosis aórtica es la valvulopatía más frecuente entre los adultos con cardiopatía valvular crónica en los países de alto ingreso. Resulta de la fibrocalcificación progresiva de los velos aórticos, que impone un gradiente de presión sistólica creciente entre el ventrículo izquierdo y la aorta, desencadena hipertrofia compensadora y, al agotarse los mecanismos adaptativos, conduce a Insuficiencia cardíaca y muerte.
La estenosis mitral es una obstrucción al llenado del ventrículo izquierdo causada por el engrosamiento y la fusión progresiva de la válvula mitral, con origen predominantemente reumático; genera hipertensión venosa pulmonar, dilatación auricular izquierda y, en estadios avanzados, fallo del ventrículo derecho.
La hipertensión arterial es el factor de riesgo cardiovascular modificable más prevalente a nivel mundial y la razón de consulta más frecuente en atención primaria; su control reduce de forma demostrada el riesgo de accidente cerebrovascular, cardiopatía isquémica, Insuficiencia cardíaca y enfermedad renal crónica.
La hipertensión pulmonar (HP) es un síndrome hemodinámico heterogéneo que resulta del remodelado patológico de la vasculatura pulmonar. Sus causas más frecuentes son la cardiopatía izquierda y la enfermedad pulmonar crónica; la variante más compleja y menos prevalente es la hipertensión arterial pulmonar (HAP), una arteriopatía obliterativa de las arteriolas distales que, sin tratamiento, conduce a insuficiencia ventricular derecha y muerte prematura.
El infarto agudo de miocardio con elevación del ST es la expresión más grave del síndrome coronario agudo: resulta de la oclusión trombótica completa de una arteria coronaria epicárdica sobre una placa aterosclerótica rota o erosionada, con necrosis transmural progresiva del territorio miocárdico dependiente de ese vaso.
La insuficiencia cardíaca (IC) es un síndrome clínico en el que una alteración estructural o funcional del corazón impide satisfacer las demandas metabólicas de los tejidos, generando congestión pulmonar o sistémica, hipoperfusión, o ambas. Afecta a más de 56 millones de personas en todo el mundo y su mortalidad global a 5 años ronda el 50%.
La insuficiencia mitral (IM) es el cierre incompleto de la válvula mitral durante la sístole, que genera un flujo retrógrado de sangre hacia la aurícula izquierda (AI). Su expresión va desde formas crónicas bien toleradas durante décadas hasta presentaciones agudas que constituyen una emergencia hemodinámica.
El síndrome coronario agudo sin elevación del ST (SCASEST) agrupa dos entidades clínicas íntimamente relacionadas: el infarto de miocardio sin elevación del ST (IAMSEST) y la angina inestable (AI). Ambas comparten el mecanismo de desequilibrio entre oferta y demanda de oxígeno miocárdico secundario a la inestabilidad de una placa aterosclerótica, pero se diferencian en que el IAMSEST implica necrosis miocítica demostrable por troponina, mientras que la AI no.
La enfermedad tromboembólica venosa (ETV) abarca la trombosis venosa profunda (TVP) y la embolia pulmonar (EP); constituye la tercera causa más frecuente de muerte cardiovascular y una de las principales fuentes de mortalidad prevenible en pacientes hospitalizados.
La enfermedad venosa crónica abarca desde telangiectasias y venas varicosas hasta insuficiencia venosa con edema, cambios cutáneos y úlceras; el linfedema es una condición crónica por transporte linfático alterado que produce acumulación de proteínas en el intersticio y fibrosis progresiva. Ambas entidades pueden coexistir como flebólinfedema.
Los trastornos de la coagulación abarcan un espectro de condiciones congénitas y adquiridas que interrumpen la hemostasia secundaria, manifestándose como hemorragia espontánea, sangrado desproporcionado al traumatismo o, en el caso de la coagulación intravascular diseminada, trombosis microvascular con consumo simultáneo de factores.
Los trastornos hemostáticos de origen plaquetario o vascular abarcan desde la disminución del recuento plaquetario hasta defectos cualitativos de la función plaquetaria, pasando por la enfermedad de von Willebrand (el trastorno hemorrágico hereditario más frecuente) y las vasculopatías que favorecen el sangrado. Su comprensión requiere integrar la biología plaquetaria, la función del Factor von Willebrand y el estado del endotelio.
La trombosis es la oclusión patológica de un vaso sanguíneo por un trombo formado en el momento o el lugar equivocados; constituye la base fisiopatológica del infarto de miocardio, el ictus isquémico y el tromboembolismo venoso, y representa una de las principales causas de morbimortalidad en el mundo.
El choque cardiogénico y el edema pulmonar cardiogénico son emergencias que amenazan la vida, con origen más frecuente en la disfunción severa del ventrículo izquierdo por infarto agudo de miocardio; el choque produce hipoperfusión sistémica y el edema genera congestión pulmonar, aunque con frecuencia coexisten.
La sepsis es una disfunción orgánica potencialmente mortal causada por una respuesta desregulada del huésped frente a la infección; el choque séptico representa su expresión más grave, con anomalías circulatorias, celulares y metabólicas que elevan la mortalidad hospitalaria por encima del 40 %.
La farmacogenómica estudia cómo la variación genética de cada individuo determina su respuesta a los fármacos, tanto en eficacia como en seguridad. Al identificar variantes en genes que controlan el metabolismo, los transportadores y las dianas terapéuticas, es posible anticipar quién responderá bien a un tratamiento, quién requiere ajuste de dosis y quién tiene riesgo elevado de reacciones adversas graves.
El sistema respiratorio puede fallar por tres mecanismos mecánicamente independientes — el pulmón pierde compliance o su superficie de intercambio, la pared torácica restringe la expansión, o los músculos no generan la fuerza necesaria — y en las vías aéreas la obstrucción puede surgir por reducción del calibre luminal o por pérdida del retroceso elástico que impulsa el flujo espiratorio. Cada mecanismo genera un patrón fisiológico con firma propia en la espirometría, los volúmenes pulmonares y la capacidad de difusión.
La apnea del sueño agrupa dos trastornos respiratorios nocturnos, la apnea obstructiva del sueño (AOS) y la apnea central del sueño (ACS), que se distinguen por su mecanismo fisiopatológico pero comparten la fragmentación del sueño y sus consecuencias sistémicas. La AOS es la forma más frecuente y constituye la causa médica más común de somnolencia diurna excesiva.
El asma es una enfermedad crónica de las vías aéreas que afecta a unos 262 millones de personas en todo el mundo, caracterizada por episodios recurrentes de obstrucción bronquial habitualmente reversible, hiperrespuesta de las vías aéreas e inflamación; en un subgrupo de pacientes, la obstrucción puede volverse irreversible y la enfermedad, difícil de controlar incluso con tratamiento escalonado máximo.
Las enfermedades pulmonares intersticiales (EPI) constituyen un grupo de más de 200 condiciones heterogéneas que afectan el parénquima pulmonar con grados variables de inflamación y fibrosis; la mayoría de los pacientes debuta con disnea de esfuerzo progresiva o tos seca persistente, y su morbilidad y mortalidad son considerables.
La EPOC es una enfermedad respiratoria crónica caracterizada por obstrucción persistente e irreversible al flujo aéreo, causada principalmente por la exposición prolongada a productos de combustión (tabaco, biomasa) y modulada por factores genéticos y del desarrollo pulmonar. Afecta a más de 480 millones de personas en el mundo y es la cuarta causa de muerte en Estados Unidos.
El síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA) es una forma grave de insuficiencia respiratoria aguda, no cardiogénica, que surge de una lesión pulmonar difusa directa o indirecta, caracterizada por edema alveolar rico en proteínas, hipoxemia refractaria e infiltrados bilaterales que evolucionan a fallo respiratorio.
Los trastornos crónicos de la ventilación se definen por la desviación sostenida de la PaCO₂ fuera del rango fisiológico de 37-43 mmHg: la hipoventilación alveolar la eleva por encima de 45 mmHg y la hiperventilación crónica la reduce por debajo del límite inferior. Ambas condiciones reflejan, en última instancia, un desequilibrio entre la producción metabólica de CO₂ y su eliminación alveolar efectiva.
La cirrosis es el estadio final de múltiples enfermedades hepáticas crónicas: la arquitectura lobular queda reemplazada por tejido fibroso y nódulos regenerativos, comprometiendo tanto la función hepatocelular como el flujo sanguíneo portal. Sus complicaciones, encabezadas por la hipertensión portal, son la principal causa de morbilidad y mortalidad de estos pacientes.
La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) engloba dos enfermedades crónicas idiopáticas del tubo digestivo, la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn, ambas resultado de una respuesta inmunitaria mucosa desregulada frente a la microbiota comensal en un huésped genéticamente susceptible. Pueden manifestarse tanto en el intestino como en múltiples órganos extraintestinales.
La enfermedad ulcerosa péptica (EUP) es la pérdida de integridad de la mucosa gástrica y/o duodenal que genera un defecto local o excavación por inflamación activa; sus complicaciones —hemorragia, perforación y obstrucción de la salida gástrica— explican una mortalidad significativa y una carga económica y asistencial sustancial.
El esófago puede verse afectado por enfermedades estructurales, trastornos de la motilidad, procesos inflamatorios, infecciones y manifestaciones de enfermedades sistémicas; todas comparten un repertorio sintomático dominado por disfagia, pirosis, regurgitación, odinofagia y dolor torácico.
La hepatitis crónica engloba un grupo heterogéneo de enfermedades hepáticas de causa diversa en que la necrosis e inflamación del parénquima persisten al menos 6 meses; sin tratamiento, las formas más graves evolucionan hacia fibrosis avanzada, cirrosis y carcinoma hepatocelular.
La hepatitis viral aguda es una infección sistémica con tropismo hepático predominante, causada por cinco virus principales (HAV, HBV, HCV, HDV y HEV), cuyo espectro clínico abarca desde la infección subclínica hasta la necrosis hepática masiva y la muerte.
Las hiperbilirrubinemias comprenden un espectro de trastornos en los que la acumulación de bilirrubina produce ictericia clínica. La clave diagnóstica es identificar la fracción predominante (no conjugada versus conjugada), lo que orienta de inmediato hacia el mecanismo subyacente y permite distinguir entre condiciones benignas hereditarias, hemolíticas y enfermedades hepatobiliares con potencial gravedad.
La isquemia mesentérica es la incapacidad de la perfusión esplácnica de satisfacer las demandas metabólicas del intestino. Se divide en dos grandes síndromes: la forma crónica (IMC), de evolución indolente que se expresa como angina intestinal, y la forma aguda (IMA), una emergencia quirúrgica con mortalidad superior al 50%.
La pancreatitis es la inflamación del páncreas secundaria a la activación prematura de sus propias enzimas digestivas dentro de la glándula. En su forma aguda constituye una de las causas de hospitalización gastrointestinal más frecuentes en EE. UU.; en su forma crónica progresa a daño irreversible con fibrosis, insuficiencia exocrina, diabetes y dolor crónico.
Los síndromes de malabsorción comprenden un grupo heterogéneo de enfermedades que alteran la capacidad del tubo digestivo para procesar y absorber nutrientes, y se manifiestan principalmente como diarrea crónica, esteatorrea y déficits nutricionales de gravedad variable.
La anemia ferropénica es la anemia más prevalente en el mundo, con aproximadamente 1,2 mil millones de afectados, y resulta del agotamiento progresivo de las reservas de hierro hasta comprometer la eritropoyesis, con producción de eritrocitos hipocrómicos y microcíticos; su curso lento hace que con frecuencia pase inadvertida hasta estadios avanzados.
La anemia es la reducción de la masa eritrocitaria por debajo de los valores normales para una población dada, afecta a casi 2 mil millones de personas en el mundo y constituye una causa frecuente de morbilidad y deterioro de la calidad de vida. La policitemia es el proceso inverso: un aumento de la hemoglobina por encima de lo normal, ya sea por incremento real de la masa eritrocitaria o por descenso del volumen plasmático.
Las anemias hemolíticas (AH) constituyen un grupo heterogéneo de condiciones definidas por una supervivencia reducida del eritrocito: ya sea por defectos intrínsecos de la propia célula o por factores extrínsecos que la destruyen prematuramente. El denominador fisiopatológico común es un aumento del recambio eritrocitario que puede superar la capacidad compensadora de la médula ósea.
Las hemoglobinopatías son la familia de enfermedades genéticas mendelianas más prevalente a escala mundial; comprenden las variantes estructurales de globina (encabezadas por la drepanocitosis) y las talasemias (déficit cuantitativo de síntesis de globina). Juntas son la causa principal de anemia hemolítica hereditaria y representan una carga sanitaria global creciente, especialmente en las regiones históricamente endémicas de malaria.
Las complicaciones crónicas de la diabetes afectan múltiples sistemas orgánicos y son las principales responsables de la morbimortalidad asociada a la enfermedad; se dividen en microvasculares (retinopatía, nefropatía, neuropatía), macrovasculares (enfermedad cardiovascular aterosclerótica, Insuficiencia cardíaca, enfermedad arterial periférica) y no vasculares (infecciones, gastroparesia, manifestaciones cutáneas, entre otras).
La diabetes mellitus (DM) engloba un grupo heterogéneo de trastornos metabólicos que comparten el fenotipo de hiperglucemia crónica; su impacto sistémico convierte a esta enfermedad en la primera causa de insuficiencia renal terminal, amputación no traumática de extremidades inferiores y ceguera en adultos, con la enfermedad cardiovascular como principal responsable de mortalidad en esta población.
Las dislipidemias son alteraciones del metabolismo de las lipoproteínas que producen elevaciones o descensos patológicos de colesterol, triglicéridos o ambos en plasma. Su consecuencia clínica más relevante es la enfermedad cardiovascular aterosclerótica (ECVA); la hipertrigliceridemia severa también puede precipitar pancreatitis aguda.
El feocromocitoma es un tumor neuroendocrino de las células cromafines de la médula suprarrenal que produce hipertensión potencialmente letal, crisis paroxísticas y complicaciones cardiovasculares graves; su extirpación quirúrgica es curativa en la mayoría de los casos y previene una mortalidad evitable.
La tirotoxicosis designa el estado clínico de exceso de hormona tiroidea en los tejidos, independientemente de su causa. El hipertiroidismo es solo una de sus fuentes, caracterizada por hiperfunción glandular activa. La enfermedad de Graves explica el 60-80 % de los casos de tirotoxicosis.
La hipoglucemia es el descenso anormal de la glucosa plasmática a niveles que comprometen la función del Sistema nervioso central; en la práctica clínica es la complicación aguda más frecuente del tratamiento con insulina e insulinosecretagogos y el principal factor que limita el control glucémico en la diabetes mellitus.
El hipotiroidismo es la producción insuficiente de hormona tiroidea que desencadena un estado de hipometabolismo sistémico. En zonas con aporte yódico adecuado, la tiroiditis autoinmune de Hashimoto y las causas iatrogénicas son las más frecuentes; a escala global, la deficiencia de yodo sigue siendo la causa principal. Su inicio es habitualmente insidioso y los síntomas, inespecíficos, pueden no reconocerse hasta que el tratamiento restaura el eutiroidismo.
Las hormonas coordinan el crecimiento, el metabolismo, la homeostasis y la reproducción al unirse a receptores específicos en los tejidos diana; el tipo químico de la hormona determina si actúa en la membrana plasmática o en el núcleo, y de ello dependen los segundos mensajeros, las cinasas y los factores de transcripción que se activan.
El hueso es un tejido en constante renovación que cumple simultáneamente una función mecánica y una función de reservorio mineral. Más del 99% del calcio corporal, el 85% del fósforo y la mitad del magnesio total residen en el esqueleto, desde donde se movilizan de forma controlada mediante un sistema hormonal que articula la PTH, la vitamina D activa [1,25(OH)₂D] y el factor de crecimiento fibroblástico 23 (FGF23).
La obesidad es una enfermedad crónica definida por el exceso de masa adiposa que afecta adversamente la salud; su prevalencia se ha triplicado en las últimas décadas como resultado de la interacción entre una predisposición genética significativa y un entorno progresivamente obesogénico.
La osteoporosis es la enfermedad metabólica ósea más frecuente a nivel mundial, caracterizada por reducción de la resistencia ósea y mayor susceptibilidad a fracturas por fragilidad. Afecta predominantemente a mujeres posmenopáusicas, aunque el 30 % de las fracturas por fragilidad ocurre en hombres.
El síndrome metabólico es una constelación de anomalías metabólicas (obesidad central, hipertrigliceridemia, colesterol HDL bajo, hiperglucemia e hipertensión arterial) que confieren un riesgo aumentado de enfermedad cardiovascular aterosclerótica y diabetes mellitus tipo 2. Su prevalencia en adultos estadounidenses ronda el 33-35% y crece marcadamente con la edad.
La corteza suprarrenal produce tres clases de hormonas esteroideas (glucocorticoides, mineralocorticoides y precursores androgénicos) cuya deficiencia o exceso origina síndromes clínicos bien definidos, desde la insuficiencia suprarrenal y la hiperplasia suprarrenal congénita hasta el síndrome de Cushing, el hiperaldosteronismo primario y el carcinoma corticosuprarrenal.
Las cuatro glándulas paratiroides regulan la calcemia mediante la hormona paratiroidea (PTH), cuyo exceso o defecto produce hipercalcemia o hipocalcemia, respectivamente. Las dos causas más frecuentes de hipercalcemia —hiperparatiroidismo primario y malignidad— explican el 90 % de todos los casos.
El cáncer es el resultado de la acumulación de alteraciones genéticas y epigenéticas que otorgan a una célula la capacidad de proliferar sin restricciones, evadir la muerte programada, invadir tejidos y diseminarse a sitios distantes. La mayoría de los tumores son de origen monoclonal, aunque con el tiempo desarrollan profunda heterogeneidad intratumoral que complica su tratamiento y genera resistencia.
Los trastornos del equilibrio ácido-base se clasifican en cuatro categorías primarias (acidosis metabólica, alcalosis metabólica, acidosis respiratoria y alcalosis respiratoria), cada una con compensaciones fisiológicas predecibles cuya magnitud permite detectar trastornos mixtos cuando los valores observados se desvían de los valores esperados.
El riñón es uno de los órganos más diferenciados del organismo: cerca de 30 tipos celulares conforman sus capilares filtrantes y sus nefronas segmentadas, lo que le permite regular simultáneamente la presión arterial, el equilibrio ácido-base, la homeostasis de solutos y agua, y funciones endocrinas. Toda esta amplitud fisiológica depende de la arquitectura precisa del nefrón.
La enfermedad renal crónica (ERC) es un espectro de procesos fisiopatológicos asociados a función renal anormal y, con frecuencia, a un declive progresivo de la tasa de filtración glomerular (TFG). Es la principal causa de morbimortalidad cardiovascular en adultos con nefropatía y afecta a más del 10% de la población mundial.
Las enfermedades tubulointersticiales son un grupo de trastornos que afectan primariamente los túbulos y el intersticio renal, con relativa preservación de los glomérulos y la vasculatura. Se dividen en nefritis tubulointersticial (NTI) aguda y crónica, con causas, mecanismos y pronósticos muy distintos.
Las glomerulopatías son un amplio conjunto de enfermedades que lesionan el ovillo capilar glomerular por mecanismos inmunológicos, genéticos, metabólicos o vasculares, produciendo desde hematuria y proteinuria asintomáticas hasta síndrome nefrótico masivo o insuficiencia renal rápidamente progresiva; su diagnóstico se apoya en la clínica, la serología y, con frecuencia, la biopsia renal.
La lesión renal aguda (LRA) es el deterioro de la función filtradora y excretora del riñón que ocurre en días a semanas, con retención de productos nitrogenados, alteraciones electrolíticas y, en los casos graves, desregulación del balance ácido-base y del volumen extracelular. Complica entre el 5 y el 7% de las hospitalizaciones generales y hasta el 30% de los ingresos en unidades de cuidados intensivos.
La nefrolitiasis es una enfermedad frecuente, dolorosa y con alta tasa de recurrencia causada por la precipitación de cristales en el tracto urinario superior. Afecta hasta el 20 % de los hombres y el 10 % de las mujeres a lo largo de la vida, y es prevenible en la mayoría de los casos mediante evaluación metabólica dirigida y modificaciones del estilo de vida o tratamiento farmacológico.
Los trastornos hidroelectrolíticos son alteraciones en la distribución del agua y los electrólitos entre los compartimentos corporales; se encuentran entre las alteraciones más frecuentes en pacientes hospitalizados y pueden representar emergencias con riesgo vital.
La artritis reumatoide (AR) es la artritis inflamatoria crónica más frecuente: una enfermedad sistémica autoinmune que destruye progresivamente las articulaciones por hiperplasia sinovial y formación de pannus, y que conlleva riesgo elevado de discapacidad funcional, comorbilidades cardiovasculares y mortalidad prematura cuando no se trata de forma oportuna.
Las artropatías por cristales son un grupo de enfermedades inflamatorias articulares desencadenadas por el depósito intraarticular de microcristales. La gota, causada por cristales de urato monosódico (MSU), es la forma más prevalente y estudiada; las demás (pirofosfato de calcio, apatita y oxalato de calcio) comparten mecanismos inflamatorios similares pero difieren en distribución articular, factores predisponentes y hallazgos en el líquido sinovial.
El lupus eritematoso sistémico (LES) es una enfermedad autoinmunitaria prototípica en la que la pérdida de tolerancia a componentes nucleares propios genera autoanticuerpos, complejos inmunes y daño inflamatorio en múltiples órganos; afecta principalmente a mujeres jóvenes y sigue un curso impredecible de brotes y remisiones.
El accidente cerebrovascular isquémico (ACV-i) resulta de la oclusión de una arteria cerebral con reducción del flujo sanguíneo local, lo que desencadena una cascada de daño celular progresivo. Es la primera causa de discapacidad neurológica permanente en adultos y la segunda causa de muerte a nivel mundial; su manejo depende estrictamente del tiempo disponible desde el inicio de los síntomas.
Las crisis epilépticas son episodios transitorios de signos o síntomas debidos a actividad neuronal excesiva o sincrónica anormal; la epilepsia es la condición de riesgo de crisis recurrentes por un proceso crónico subyacente, con una prevalencia de 5 a 30 personas por cada 1000 habitantes en el mundo.
La enfermedad de Alzheimer (EA) es la causa más frecuente de demencia, responsable del 60–70 % de todos los casos; se caracteriza por un deterioro cognitivo progresivo que comienza con pérdida de memoria episódica y avanza hasta comprometer todas las funciones corticales superiores, con una duración sintomática típica de 8 a 10 años.
La enfermedad de Parkinson (EP) es la segunda neurodegeneración relacionada con la edad en frecuencia en el mundo, después de la Enfermedad de Alzheimer, con aproximadamente 10,8 millones de personas afectadas. Su sello anatomopatológico es la pérdida de neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra pars compacta (SNc), el déficit de dopamina estriatal y la acumulación intracelular de α-sinucleína en cuerpos de Lewy.
La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad autoinmune del sistema nervioso central caracterizada por inflamación crónica, desmielinización, gliosis y pérdida neuronal; afecta a un millón de personas en los Estados Unidos y su curso puede ser recidivante o progresivo, con un pronóstico que ha mejorado de forma sustancial gracias a las terapias modificadoras de alta eficacia.
La hemorragia intracerebral (HIC) es la acumulación espontánea de sangre dentro del parénquima cerebral, responsable de aproximadamente el 10% de todos los ictus; su mortalidad al primer mes oscila entre el 35 y el 45%, con incidencia especialmente alta en poblaciones asiática y afrodescendiente.
La hemorragia subaracnoidea (HSA) es una emergencia neurológica de alta mortalidad causada en la mayoría de los casos no traumáticos por la rotura de un aneurisma sacular intracraneal; su manejo exige el cierre precoz del aneurisma y la prevención activa de las complicaciones secundarias que aparecen en los días y semanas siguientes.
La miastenia gravis (MG) es una enfermedad autoinmune de la unión neuromuscular (UNM) en la que autoanticuerpos dirigidos contra proteínas postsinápticas reducen el número de receptores funcionales de acetilcolina, deterioran la transmisión neuromuscular y producen debilidad y fatigabilidad fluctuantes de los músculos esqueléticos. Con el tratamiento adecuado, la gran mayoría de los pacientes puede llevar una vida productiva plena.
Las neuropatías periféricas son un grupo heterogéneo de trastornos que afectan los nervios fuera del sistema nervioso central; pueden comprometer fibras sensoriales, motoras o autonómicas en cualquier combinación, y su etiología abarca causas hereditarias, metabólicas, tóxicas, infecciosas, inflamatorias y paraneoplásicas.
Los trastornos psiquiátricos afectan aproximadamente al 30% de la población en EE. UU. y representan 4 de las 10 principales causas de morbilidad mundial; sin embargo, solo un tercio de los afectados recibe tratamiento. Su manejo recae frecuentemente en el médico de atención primaria, quien debe reconocer los síndromes más comunes, iniciar el tratamiento y realizar derivaciones oportunas.
La anafilaxia es la reacción alérgica sistémica más grave, potencialmente fatal, que puede progresar a colapso cardiovascular o insuficiencia respiratoria en minutos. La epinefrina intramuscular inmediata es el único tratamiento de primera línea.
El sistema inmunitario integra dos brazos complementarios, el innato y el adaptativo, que cooperan para identificar y eliminar patógenos, preservar la tolerancia frente a lo propio y generar memoria ante exposiciones repetidas. Su comprensión es la base para entender las enfermedades infecciosas, autoinmunes, inflamatorias e inmunodeficiencias.
La endocarditis infecciosa (EI) es una infección microbiana del endocardio, más frecuentemente de las válvulas cardíacas, que genera vegetaciones con daño estructural progresivo, bacteriemia continua y embolización sistémica; su mortalidad hospitalaria ronda el 17-20% aun con tratamiento, y supera el 40-50% en las formas protésicas tempranas o por Staphylococcus aureus.
La patogenia microbiana es el conjunto de estrategias moleculares y celulares que permiten a los microorganismos ingresar al organismo, establecerse en un nicho específico, evadir las defensas del hospedero y causar daño tisular. Para la mayoría de los patógenos, la respuesta inflamatoria del hospedero contribuye de forma sustancial a los síntomas y al daño, no solo el microorganismo por sí mismo.
La meningitis aguda es la inflamación infecciosa del espacio subaracnoideo producida por bacterias, virus o, con evolución más prolongada, micobacterias y hongos. Su forma bacteriana constituye la infección supurativa del SNC más frecuente y exige tratamiento empírico en los primeros 60 minutos, pues la progresión puede ser fulminante y las secuelas neurológicas son frecuentes incluso con terapia adecuada.
La neumonía es una infección del parénquima pulmonar que, pese a su alta morbilidad y mortalidad, sigue siendo subdiagnosticada y subtratada. Se clasifica según el entorno de adquisición en neumonía adquirida en la comunidad (NAC), neumonía intrahospitalaria (NIH) y neumonía asociada al ventilador (NAV), cada una con un espectro etiológico y una estrategia terapéutica diferente.
La osteomielitis es una infección del hueso causada por diversos microorganismos que alcanzan el tejido óseo por tres mecanismos: diseminación hematógena, extensión desde un foco contiguo tras cirugía o trauma, e infección secundaria a insuficiencia vascular o neuropatía. Su manejo depende de si existe material de implante y de si hay necrosis ósea.
La resistencia bacteriana a los antimicrobianos surge cuando mutaciones cromosómicas o la adquisición de nuevos genes reducen o anulan la eficacia de uno o varios agentes antibacterianos, complicando el tratamiento de las infecciones y representando una de las principales amenazas para la salud pública global. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) estiman que en Estados Unidos ocurren más de 2,8 millones de infecciones por bacterias resistentes cada año, con aproximadamente 35.900 muertes asociadas.
La tuberculosis (TB) es la infección bacteriana por un único agente que más muertes produce a nivel mundial. Causada por Mycobacterium tuberculosis, se transmite por vía aérea, afecta primariamente los pulmones y, sin tratamiento, es fatal en más del 70% de los casos. Con tratamiento adecuado y oportuno, es curable en la gran mayoría.