Artritis reumatoide

El tema en 3 minutos

Resumen rápido: La artritis reumatoide (AR) es la artritis inflamatoria crónica más frecuente: una enfermedad sistémica autoinmune que destruye progresivamente las articulaciones por hiperplasia sinovial y formación de pannus, y que conlleva riesgo elevado de discapacidad funcional, comorbilidades cardiovasculares y mortalidad prematura cuando no se trata de forma oportuna.

Concepto base: Inflamación sinovial crónica mediada por autoanticuerpos (FR y ACPA) y linfocitos T CD4+ autorreactivos que generan un microambiente proinflamatorio capaz de destruir cartílago y hueso.

Cadena clave: Predisposición genética (HLA-DRB1 epítopo compartido) + tabaco → citrulinación de proteínas en pulmón → producción de ACPA y FR → activación de linfocitos T y B → sinovitis → formación de pannus → RANKL → osteoclastogénesis → erosión ósea y degradación de cartílago

Puntos que suelen preguntarse:


Introducción

La artritis reumatoide es la forma más común de artritis inflamatoria crónica, con una prevalencia de aproximadamente 0,5 a 1% de la población adulta mundial. Afecta a mujeres con una frecuencia dos a tres veces mayor que a hombres, y su incidencia aumenta de manera progresiva entre los 25 y 55 años de edad, después de lo cual se estabiliza. Aunque su manifestación cardinal es una poliartritis simétrica y erosiva, la AR es esencialmente una enfermedad sistémica: sus manifestaciones extraarticulares abarcan el tejido pulmonar, pericárdico, vascular y hematológico, y se acompaña de un riesgo cardiovascular marcadamente aumentado.

El reconocimiento temprano de la enfermedad y el inicio precoz del tratamiento modificador son determinantes del pronóstico. Los retrasos en instaurar una terapia eficaz se asocian a mayor destrucción articular y peores resultados funcionales a largo plazo. Los avances en la comprensión de la patogenia de la AR, junto con el desarrollo de terapias biológicas y sintéticas dirigidas, han transformado radicalmente el pronóstico de esta enfermedad: la artritis incapacitante que era frecuente en décadas pasadas es hoy mucho menos común.


Epidemiología

La prevalencia de la AR varía según la región y el grupo étnico. Algunas tribus indígenas de Norteamérica, como los Yakima, Pima y Chippewa, reportan prevalencias cercanas al 7% en algunos estudios, mientras que poblaciones de África y Asia muestran cifras más bajas, en el rango de 0,2 a 0,4%. La proporción mujer:hombre es de 2 a 3:1 en general; en algunas poblaciones latinoamericanas y africanas esta brecha se amplía hasta 6 a 8:1. Existe evidencia de que la incidencia global de AR ha disminuido en las últimas décadas, aunque la prevalencia se ha mantenido estable porque los pacientes viven más tiempo.


Etiología y factores de riesgo

La AR es una enfermedad de etiología multifactorial en la que interactúan factores genéticos, ambientales e inmunológicos.

Factores genéticos

El factor genético de mayor peso reside en el complejo mayor de histocompatibilidad (MHC). La mayor parte del riesgo genético se concentra en los alelos HLA-DRB1 que codifican el llamado epítopo compartido (SE, del inglés shared epitope): una secuencia de aminoácidos en las posiciones 70-74 de la región hipervariable del dominio β1 de la molécula HLA-DR. Esta región forma parte del surco de presentación antigénica y facilita la unión de péptidos citrulinados, lo que explica la asociación del SE casi exclusivamente con la AR ACPA-positiva. Portadores de un solo alelo SE tienen un riesgo cuatro veces mayor de desarrollar AR; portadores de dos alelos, un riesgo ocho veces mayor, comparado con individuos SE-negativos.

Fuera del MHC, estudios de asociación del genoma completo (GWAS) han identificado más de 100 loci de susceptibilidad adicionales. Entre los mejor caracterizados se encuentran PTPN22, que regula la función de linfocitos T y B y cuya variante de riesgo se asocia exclusivamente con AR ACPA-positiva, y PADI4, que codifica una enzima implicada en la conversión de arginina a citrulina y cuya polimorfismo confiere un aumento de aproximadamente dos veces en el riesgo de AR, principalmente en poblaciones de Asia Oriental. La heredabilidad estimada de la AR oscila entre 40 y 60%.

Factores ambientales

El tabaquismo es el factor ambiental más reproducido: confiere un riesgo relativo de 1,5 a 3,5 veces para desarrollar AR. Su interacción con los alelos SE del HLA es sinérgica: si los alelos SE solos aumentan el riesgo cuatro a seis veces, la combinación de tabaco y dos alelos SE eleva ese riesgo hasta 20 a 40 veces. En mujeres fumadoras el riesgo de AR es casi 2,5 veces mayor que en no fumadoras, y persiste incluso 15 años después de dejar de fumar. Esta interacción biológica se explica en parte porque el humo del tabaco promueve la citrulinación de proteínas en el líquido broncoalveolar, generando neoepítopos capaces de desencadenar una respuesta autoinmune.

La periodontitis también ha sido implicada en la patogenia de la AR, específicamente por la acción de Porphyromonas gingivalis, la única especie bacteriana oral conocida por expresar la enzima peptidil arginina deiminasa (PAD). Se ha postulado que la respuesta inmune frente a este patógeno podría promover la citrulinación de proteínas y desencadenar la producción de ACPA, aunque la causalidad directa aún no está demostrada de forma definitiva. Existe también evidencia preliminar sobre un papel del microbioma intestinal en las etapas iniciales de la enfermedad, aunque tampoco hay una firma disbiótica común ni evidencia de un efecto inmunomodulador directo.


Fisiopatología

La patogenia de la AR se construye sobre la pérdida de autotolerancia y la cronificación de la respuesta inflamatoria en la membrana sinovial. Los eventos iniciadores ocurren probablemente fuera de la articulación: la citrulinación de proteínas en el tejido pulmonar o en encías inflamadas genera neoepítopos que activan linfocitos T y B autorreactivos. Este origen extraarticular queda reflejado en la detección de ACPA y FR en suero años antes de que aparezcan los síntomas articulares.

Autoanticuerpos y amplificación de la respuesta inflamatoria

Los ACPA reconocen residuos de citrulina en diversas proteínas de la matriz, entre ellas filagrina, queratina, fibrinógeno y vimentina. Aunque sus blancos no se restringen al tejido articular, se encuentran en concentraciones más altas en el líquido sinovial que en el suero. El factor reumatoide (FR) es un anticuerpo dirigido contra la fracción Fc de la IgG; al formar inmunocomplejos dentro de la articulación, activa el complemento y amplifica la liberación de citocinas y quimiocinas proinflamatorias. En modelos animales, los inmunocomplejos que contienen FR y ACPA actúan de forma sinérgica para exacerbar la respuesta sinovial inflamatoria.

Inflamación sinovial y formación de pannus

Una vez establecida la respuesta autoinmune en la articulación, los linfocitos T CD4+ se activan a través de dos señales: la unión del receptor de célula T al complejo péptido-MHC en las células presentadoras de antígenos (señal 1) y la co-estimulación a través de la interacción CD28-CD80/86 (señal 2). Los linfocitos T activados se diferencian en subpoblaciones efectoras con perfiles de citocinas diferenciados. Las células Th1 producen interferón gamma (IFN-γ), linfotoxina beta y TNF-α; las células Th17 secretan IL-17, IL-21, IL-22 y GM-CSF, entre otras. La IL-17 promueve tanto la inflamación articular como la destrucción de cartílago y hueso subcondral.

Bajo este estímulo, macrófagos y fibroblastos sinoviales se convierten en las principales fuentes de citocinas que sostienen el ciclo inflamatorio: TNF-α, IL-1, IL-6, IL-12, IL-15, IL-18 e IL-23. El TNF-α ocupa un lugar central en esta red: activa el endotelio vascular para facilitar el reclutamiento de leucocitos, activa los fibroblastos sinoviales, promueve la angiogénesis, sensibiliza los receptores del dolor y estimula la osteoclastogénesis. Los fibroblastos sinoviales, por su parte, secretan metaloproteinasas de la matriz (MMP) responsables de la degradación del cartílago articular, así como citocinas como IL-6 y factor de crecimiento endotelial vascular (VEGF).

La consecuencia estructural de esta inflamación sostenida es la hiperplasia de la membrana sinovial y la formación del pannus: una membrana celular engrosada, compuesta por múltiples capas de sinoviocitos tipo fibroblasto y tejido fibrovascular de granulación, que invade y destruye el cartílago y el hueso adyacentes. Esta es la marca anatomopatológica definitoria de la AR.

Destrucción ósea: el eje RANKL-RANK-OPG

La erosión ósea focal es el correlato estructural de la inflamación articular crónica. Su mediador principal es el osteoclasto, una célula multinucleada que forma lacunas de resorción en la interfaz pannus-hueso. La diferenciación de precursores monocíticos en osteoclastos funcionales requiere dos señales: el factor estimulante de colonias de macrófagos (M-CSF) y el ligando del receptor activador del factor nuclear κB (RANKL). RANKL es expresado por fibroblastos sinoviales, células estromales y linfocitos T; al unirse a su receptor RANK en la superficie de los precursores osteoclásticos, desencadena su diferenciación y activación. La osteoprotegerina (OPG) actúa como receptor señuelo de RANKL, frenando la osteoclastogénesis. En la articulación reumatoide, citocinas como TNF-α, IL-1, IL-6 e IL-17 incrementan la expresión de RANKL, desplazando el equilibrio hacia la resorción ósea.

La formación ósea también se ve comprometida de manera activa: el TNF-α induce la expresión de dickkopf-1 (DKK-1), un inhibidor potente de la vía Wnt. Esta vía promueve la diferenciación de osteoblastos y la síntesis de hueso; cuando DKK-1 la bloquea, la formación ósea se suprime, agravando la pérdida neta de tejido óseo. Esta combinación de mayor resorción y menor formación explica la osteopenia periarticular y las erosiones subcondrales características de la AR.

Hipoxia sinovial

El tejido sinovial inflamado presenta un estado de hipoxia relativa como consecuencia del elevado consumo metabólico de las células infiltrantes y de la expansión vascular guiada por VEGF. Esta hipoxia, lejos de ser un epifenómeno, amplifica la producción de citocinas proinflamatorias, favorece la angiogénesis patológica y promueve la degradación adicional de cartílago y hueso, contribuyendo a la perpetuación del ciclo inflamatorio.


Manifestaciones clínicas y diagnóstico

Presentación articular

La AR debuta habitualmente de manera insidiosa con rigidez matutina de más de una hora de duración que mejora con el movimiento, signo cardinal de la inflamación articular activa. Los primeros síntomas suelen localizarse en las articulaciones pequeñas de manos y pies. La distribución puede ser inicialmente monoarticular u oligoarticular, aunque el patrón típico es poliarticular y simétrico. En la enfermedad establecida, las articulaciones más frecuentemente comprometidas son las muñecas y las metacarpofalángicas (MCF) e interfalángicas proximales (IFP).

La tenosinovitis flexora es un hallazgo frecuente que puede generar reducción del arco de movilidad, disminución de la fuerza de agarre y dedos en gatillo. La enfermedad de larga evolución conduce a deformidades crónicas e irreversibles: desviación cubital por subluxación de las articulaciones MCF; deformidad en cuello de cisne (hiperextensión de IFP con flexión de la interfalángica distal, IFD); deformidad en ojal (flexión de IFP con hiperextensión de IFD); y deformidad en Z del pulgar por subluxación de la primera MCF con hiperextensión de la interfalángica.

La afectación de la columna cervical a nivel atlantoaxial (C1-C2) merece especial atención porque su inestabilidad progresiva puede desembocar en mielopatía compresiva y disfunción neurológica. Su prevalencia ha disminuido en años recientes y ocurre actualmente en menos del 10% de los pacientes.

Manifestaciones extraarticulares

Hasta el 40% de los pacientes desarrolla manifestaciones extraarticulares en algún momento de la evolución, incluso antes del inicio de la artritis. Los nódulos subcutáneos ocurren en 30 a 40% de los casos, predominantemente en zonas de traumatismo repetido como el antebrazo, las prominencias sacras y el tendón de Aquiles; son firmes, no dolorosos y adheridos a periostio o tendones. La pleuritis es la manifestación pulmonar más frecuente. La enfermedad pulmonar intersticial puede detectarse en hasta el 12% de los pacientes con AR y adopta los patrones histológicos de neumonía intersticial usual (NIU) o neumonía intersticial no específica (NINE); su presencia confiere peor pronóstico. La vasculitis reumatoide, cuya incidencia ha caído a menos del 1%, puede producir úlceras cutáneas dolorosas, lesiones digitales isquémicas y polineuropatía sensitivomotora. El síndrome de Sjögren secundario ocurre en aproximadamente el 10% de los pacientes.

Criterios diagnósticos ACR/EULAR 2010

En 2010, el Colegio Americano de Reumatología (ACR) y la Liga Europea contra el Reumatismo (EULAR) revisaron los criterios de clasificación para AR con el objetivo de favorecer el diagnóstico temprano. El sistema asigna puntos en cuatro dominios; un puntaje ≥6 establece el diagnóstico de AR definitiva en pacientes con al menos una articulación con sinovitis clínica no explicada por otra causa:

DominioHallazgoPuntaje
Articulaciones comprometidas1 articulación grande (hombro, codo, cadera, rodilla, tobillo)0
2-10 articulaciones grandes1
1-3 articulaciones pequeñas (MCF, IFP, IP del pulgar, MTP, muñecas)2
4-10 articulaciones pequeñas3
>10 articulaciones (al menos 1 pequeña)5
SerologíaFR y ACPA negativos0
FR o ACPA positivo bajo (≤3× límite superior de la normalidad)2
FR o ACPA positivo alto (>3× límite superior de la normalidad)3
Reactantes de fase agudaPCR y VSG normales0
PCR o VSG anormal1
Duración de síntomasMenos de 6 semanas0
6 semanas o más1

MCF: metacarpofalángica; IFP: interfalángica proximal; MTP: metatarsofalángica; PCR: proteína C reactiva; VSG: velocidad de sedimentación globular.

Laboratorio

Aproximadamente el 75% de los pacientes con AR es seropositivo (FR y/o ACPA positivos). El FR, medido habitualmente como isotipo IgM, tiene una sensibilidad del 75% pero especificidad limitada: aparece también en el síndrome de Sjögren primario, el lupus eritematoso sistémico, la hepatitis crónica por virus B y C, y en 1 a 5% de la población sana. Los anticuerpos anti-péptido cíclico citrulinado (anti-CCP), la variedad de ACPA más empleada en la práctica clínica, tienen una especificidad diagnóstica cercana al 95% y mayor valor pronóstico que el FR; su positividad predice peores resultados estructurales y funcionales. PCR y VSG reflejan el grado de inflamación sistémica y se correlacionan con la intensidad de la actividad de la enfermedad. Una anemia normocrómica normocítica acompaña frecuentemente a la enfermedad activa, paralela al nivel de inflamación.

Imagen articular

La radiografía simple es el método de imagen más empleado en la práctica clínica para el seguimiento. En la enfermedad establecida muestra osteopenia periarticular, pérdida simétrica del espacio articular y erosiones yuxtaarticulares y subcondrales, más evidentes en manos (MCF, IFP) y pies (metatarsofalángicas). La resonancia magnética ofrece mayor sensibilidad para detectar sinovitis, edema óseo medular y erosiones tempranas, siendo el edema medular un precursor de las erosiones visibles en radiografía. La ecografía con Doppler de poder permite detectar sinovitis y erosiones en articulaciones superficiales con más sensibilidad que la radiografía convencional, con las ventajas adicionales de la portabilidad, ausencia de radiación ionizante y menor costo respecto a la resonancia.


Complicaciones

La AR no controlada genera discapacidad funcional progresiva e irreversible por la acumulación de daño articular: más de la mitad de los pacientes con AR activa no tratada son incapaces de trabajar a los 10 años de evolución. La mortalidad global en la AR duplica a la de la población general, con una reducción de la expectativa de vida de aproximadamente 7 años en hombres y 3 años en mujeres.

La enfermedad coronaria y la aterosclerosis carotídea son más frecuentes en AR que en la población general, incluso al controlar por los factores de riesgo cardiovascular tradicionales, como hipertensión, obesidad, dislipidemia, diabetes y tabaquismo. La insuficiencia cardíaca (tanto sistólica como diastólica) ocurre con una tasa aproximadamente dos veces mayor que en la población general. La enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte en pacientes con AR.

La osteoporosis afecta a cerca de un tercio de las mujeres posmenopáusicas con AR. La inflamación sostenida promueve la pérdida ósea generalizada por activación osteoclástica; el uso crónico de glucocorticoides y la inmovilidad relacionada con la discapacidad contribuyen adicionalmente. Las fracturas de cadera son predictoras independientes de mayor discapacidad y mortalidad en estos pacientes.

El síndrome de Felty, definido por la tríada de neutropenia, esplenomegalia y AR nodular, ocurre en menos del 1% de los pacientes, habitualmente en etapas tardías de la enfermedad grave. El riesgo de linfoma difuso de células B grandes está aumentado de dos a cuatro veces respecto a la población general, con mayor riesgo en pacientes con alta actividad sostenida o síndrome de Felty.


Tratamiento

El objetivo del tratamiento es alcanzar la remisión o, al menos, la baja actividad de la enfermedad mediante una estrategia de "tratar hasta la meta" (treat-to-target), con ajustes frecuentes del esquema cuando los objetivos no se alcanzan en el plazo esperado. La remisión se define operativamente como la presencia simultánea de: articulaciones dolorosas ≤1, articulaciones tumefactas ≤1, PCR ≤1 mg/dL y evaluación global del paciente ≤1 en una escala de 0 a 10; o alternativamente, un índice de Actividad Simplificada de la Enfermedad (SDAI) ≤3,3.

No farmacológico

El ejercicio y la actividad física son componentes esenciales del manejo. El entrenamiento dinámico de fuerza, la fisioterapia y el fomento de al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada a vigorosa mejoran la fuerza muscular, el estado funcional y los índices de actividad inflamatoria. Las ortesis plantares reducen el dolor por deformidad en valgo y pueden disminuir la limitación funcional; las férulas de muñeca disminuyen el dolor, aunque pueden reducir la destreza manual. En casos de enfermedad avanzada con destrucción articular grave, las opciones quirúrgicas incluyen artroplastia total para articulaciones grandes (rodilla, cadera, hombro) e implantes de silicona o artrodesis para articulaciones pequeñas de la mano.

Farmacológico

AINEs y glucocorticoides. Los antiinflamatorios no esteroideos tienen propiedades analgésicas y antiinflamatorias derivadas de la inhibición de COX-1 y COX-2, pero se consideran agentes adyuvantes para el control sintomático; su uso crónico debe minimizarse por el riesgo de gastropatía y lesión renal. Los glucocorticoides se emplean para obtener control rápido de la inflamación mientras se espera el efecto de los DMARD (que tardan entre 6 y 12 semanas o más en alcanzar su eficacia plena), para tratar exacerbaciones agudas y, en dosis bajas crónicas de prednisona (5 a 10 mg/día o equivalente), para mantener el control cuando la respuesta a los DMARD es insuficiente. El uso crónico debe evitarse en lo posible por el riesgo de osteoporosis y otras complicaciones a largo plazo; cuando es inevitable, deben evaluarse medidas preventivas con bifosfonatos orales (como alendronato o risedronato) o parenterales (como ácido zoledrónico).

DMARD convencionales. El metotrexato es el DMARD de primera elección para la AR moderada a grave y el fármaco ancla de la mayoría de los esquemas combinados; está aprobado para la AR desde 1988 y constituye el patrón de referencia para comparar la eficacia de las nuevas terapias. Se administra semanalmente por vía oral o subcutánea, con co-administración de ácido fólico para reducir efectos adversos. La leflunomida, inhibidor de la síntesis de pirimidinas, tiene una eficacia similar al metotrexato y puede emplearse en monoterapia o en combinación. La hidroxicloroquina se indica en enfermedad temprana y leve o como terapia adyuvante; no retrasa la progresión radiográfica y, por tanto, no se considera un DMARD verdadero en sentido estricto. La sulfasalazina reduce la inflamación articular y frena la progresión radiográfica. La triple terapia oral (metotrexato, sulfasalazina e hidroxicloroquina) es un esquema combinado eficaz en pacientes con respuesta insuficiente al metotrexato en monoterapia.

DMARD biológicos. Los inhibidores del TNF-α fueron los primeros biológicos aprobados para la AR. Cinco moléculas originales están disponibles: infliximab (anticuerpo monoclonal quimérico murino-humano), adalimumab y golimumab (anticuerpos monoclonales totalmente humanos), certolizumab pegol (fragmento Fab' pegilado de un anticuerpo humanizado) y etanercept (proteína de fusión del receptor 2 de TNF con la fracción Fc de IgG1). Todos reducen los signos y síntomas de la AR, enlentecen la progresión radiográfica del daño articular y mejoran la función física y la calidad de vida. Pueden usarse en monoterapia o en combinación con metotrexato; la combinación metotrexato más inhibidor del TNF es superior al metotrexato solo tanto para el control clínico como para frenar el daño estructural. Están contraindicados en infección activa, hepatitis B crónica e insuficiencia cardíaca clase III/IV de la NYHA. Su principal riesgo es el aumento de infecciones bacterianas graves, infecciones oportunistas y reactivación de tuberculosis latente; por ello, el cribado tuberculínico es obligatorio antes de iniciar cualquier inhibidor del TNF.

El abatacept es una proteína de fusión que inhibe la co-estimulación de linfocitos T al bloquear la interacción CD28-CD80/86, diferenciándose mecanísticamente de los inhibidores del TNF. El rituximab, anticuerpo monoclonal anti-CD20, depleta linfocitos B maduros y está aprobado para AR refractaria a inhibidores del TNF en combinación con metotrexato; es más eficaz en pacientes seropositivos que en seronegativos. Los inhibidores del receptor de IL-6 (tocilizumab y sarilumab) bloquean las formas soluble y de membrana del receptor de IL-6, con eficacia demostrada tanto en monoterapia como en combinación con DMARD convencionales. Como efectos de clase, elevan el colesterol LDL, se asocian a mayor riesgo de infecciones y aumentan el riesgo de perforación gastrointestinal, por lo que deben evitarse en pacientes con antecedentes de diverticulitis o úlcera gástrica reciente.

DMARD sintéticos dirigidos. Los inhibidores de JAK (tofacitinib, baricitinib, upadacitinib) bloquean vías de señalización intracelular que transduce las señales de múltiples citocinas proinflamatorias, con la ventaja de su formulación oral. Tofacitinib inhibe principalmente JAK1 y JAK3; baricitinib inhibe JAK1 y JAK2; upadacitinib es predominantemente selectivo para JAK1. Sus efectos adversos incluyen mayor riesgo de infecciones bacterianas y herpes zóster, elevación de transaminasas hepáticas, neutropenia, dislipidemia e hipertensión. Datos recientes muestran que tofacitinib se asocia a mayor riesgo de trombosis, eventos cardiovasculares adversos mayores y neoplasias en comparación con inhibidores del TNF, con mayor riesgo en población mayor.

Estrategia escalonada. Las guías ACR 2021 recomiendan iniciar con metotrexato y, ante respuesta insuficiente después de 3 a 6 meses, escalar a triple terapia oral o añadir un biológico (preferentemente un inhibidor del TNF con o sin metotrexato) o un DMARD sintético dirigido. En pacientes que no responden o no toleran un inhibidor del TNF, se puede cambiar a otro inhibidor del TNF o, con mayor evidencia de eficacia, a un biológico con mecanismo de acción diferente como abatacept.


Perlas de alto rendimiento

  1. Los ACPA (anti-CCP) tienen una especificidad diagnóstica cercana al 95% para AR, muy superior a la del FR, y mayor valor pronóstico: su presencia se asocia a erosiones más graves, más manifestaciones extraarticulares y peores resultados funcionales a largo plazo.
  2. La combinación de tabaco y dos alelos del epítopo compartido (HLA-DRB1) multiplica el riesgo de AR ACPA-positiva hasta 20 a 40 veces, frente al riesgo de cuatro a seis veces conferido por los alelos SE solos; el tabaco actúa promoviendo la citrulinación de proteínas en el pulmón.
  3. El pannus invade el cartílago en las zonas adyacentes a la membrana sinovial y el hueso subcondral a través de osteoclastos activados por RANKL; las erosiones típicamente comienzan en los sitios radiales de las articulaciones MCF, donde el sinovio se inserta en la superficie perióstica.
  4. Antes de iniciar cualquier inhibidor del TNF u otro DMARD biológico, el cribado para tuberculosis latente es obligatorio con PPD o interferón gamma en sangre; si resulta positivo, se requiere al menos un mes de tratamiento antes de comenzar el biológico.
  5. La remisión en AR se define operativamente como: articulaciones dolorosas ≤1, articulaciones tumefactas ≤1, PCR ≤1 mg/dL y evaluación global del paciente ≤1 en escala de 0 a 10; o un índice SDAI ≤3,3. La retirada completa de DMARD en enfermedad establecida casi invariablemente provoca recaída.
  6. La principal causa de muerte en AR es la enfermedad cardiovascular, con tasas de cardiopatía isquémica e insuficiencia cardíaca significativamente superiores a la población general, incluso controlando por factores de riesgo tradicionales.
  7. La subluxación atlantoaxial puede producir mielopatía compresiva en AR de larga evolución; debe considerarse en la evaluación preoperatoria de cualquier paciente con AR que requiera anestesia general con manipulación de la vía aérea.
  8. Metotrexato y leflunomida son teratogénicos y están contraindicados durante el embarazo; la hidroxicloroquina y la sulfasalazina son los DMARD más seguros durante la gestación.

Puntos clave


Fuentes

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